• Genrris Agramonte

Ocupación haitiana de Santo Domingo


Tras la anexión el territorio dominicano fue repartido entre 5 de los 6 departamentos de Haití; dos de estos departamentos fueron creados completamente dentro del lado dominicano (Cibao y Ozama), mientras que porciones del territorio dominicano fueron adjudicados a 3 departamentos (Norte, Artibonito y Oeste) ya existentes de Haití.


Así, ciudades como Montecristi (renombrada en francés como Monte Christy) y Dajabón (Dahabon) quedaron en el departamento del Norte o Nord; Puerto Plata (Port de Plate), La Vega (La Vega), Cotuí (Cotuy), y Santiago (St. Yague o Saint-Yague) quedaron en el departamento del Cibao; Bánica (Banique), San Rafael (St. Raphael o Saint-Raphael), Las Matas de Farfán (Las-Mathas), San Juan de la Maguana (St. Jean de la Maguâna o Saint-Jean de la Maguâna) e Hincha (Hinche) quedaron en el departamento del Artibonito o Artibonite; Neiba (Neybe) quedó en el departamento del Oeste o Ouest, mientras que Baní (Bany), Santo Domingo (St. Domingue o Saint-Domingue) y San Lorenzo de los Mina (St. Laurent des Mines o Saint-Laurent des Mines) quedaron en el departamento del Ozama.


Santo Domingo de Guzmán era la capital del Departamento del Ozama y Santiago de los Caballeros del Departamento del Cibao


La ocupación militar haitiana de Santo Domingo en 1822 fue un período histórico que duró 22 años, en el cual Haití gobernó la parte oriental de la isla imponiéndose sobre el nuevo Estado de Haití Español, el cual fue dividido en dos departamentos: situándose en la porción norte, el Cibao y en la porción sur, el Ozama.


Los veintidós años de la ocupación haitiana de Santo Domingo, después de un breve período de independencia son recordados en gran medida por los dominicanos como un período de régimen militar brutal, aunque la realidad es más compleja.


En este período se llevaron a cabo expropiaciones de tierra a gran escala, en desmedro de los esfuerzos necesarios para la producción de cultivos de exportación. Se impuso el servicio militar, se restringió el uso de la lengua española y se trató de eliminar las costumbres tradicionales como las peleas de gallos.


Esta situación avivó la percepción que tenían los dominicanos de sí mismos y sus diferencias con las costumbres haitianas en términos de idioma, raza, religión y costumbres nacionales.1​ Sin embargo, este fue también un período que terminó definitivamente con la esclavitud como institución en la parte oriental de la isla.


Haití prohibió la constitución de los blancos como propietarios de tierras y las principales familias terratenientes se vieron privadas por la fuerza de sus propiedades.


La mayoría emigró a Cuba, Puerto Rico o a la Gran Colombia, por lo general con el apoyo de funcionarios haitianos, que adquirieron sus tierras.


Los haitianos, que asociaban la Iglesia católica con sus amos franceses, que les habían explotado antes de su independencia, confiscaron todos los bienes de la iglesia, deportaron a todos los clérigos al extranjero y los restantes miembros del clero rompieron los lazos con el Vaticano.


La Universidad de Santo Domingo, la más antigua de América y que carecía de estudiantes y profesores, fue cerrada.


Con el fin de recibir el reconocimiento diplomático de Francia, Haití se vio obligado a pagar una indemnización de 150 millones de francos a los ex-colonos franceses, suma que posteriormente fue reducida a 60 millones de francos. Esto motivó que Haití impusiera pesados impuestos sobre la parte oriental de la isla.


Dada la incapacidad de Haití para mantener adecuadamente a su ejército, la fuerza de ocupación sobrevivió, en gran medida, confiscando alimentos y suministros a punta de pistola.


Los intentos de redistribución de la tierra en conflicto por el sistema de tenencia comunal de la tierra (terrenos comuneros), que había surgido con la economía ganadera, y el resentimiento de los recién emancipados esclavos hizo que la administración haitiana se viera obligada a aumentar los cultivos comerciales, en virtud del Código Rural de Boyer.


​ En las zonas rurales, la administración haitiana fue demasiado ineficiente para hacer cumplir sus propias leyes.

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